martes, 21 de mayo de 2024

Entrevista

Entrevista a mi abuela sobre la dictadura militar viviendo en Villa Cacique, partido de Benito Juárez, Buenos Aires.

¿Cómo se enteraron del cambio de régimen? ¿Se hablaba algo en aquel momento o fue una sorpresa para ustedes?
No seguíamos esos acontecimientos, se hablaba igualmente de que había gente que andaba en cosas raras, se comentaba un poco quiénes eran y en qué andaban pero no se sabía con seguridad. Nos tomó de sorpresa el día que apareció gente del ejército entrando a las casas en nuestro pueblo, no entendíamos nada y teníamos miedo. Era un pueblo muy alejado y la gente allá no comentaba mucho sobre la situación, no teníamos mucha información. Cuando nos mudamos a capital nos enteramos que había sido muy grave y habían habido muchas persecuciones, pero en ese tiempo, en el pueblo, no se sentían esas situaciones. Había mucho desconocimiento, había poca comunicación. La gente estaba asustada igualmente, porque era un pueblo muy tranquilo y de la nada apareció gente armada a revisar casas.

¿Qué se sabía de aquellos militares que hacían los allanamientos?
Cuando entraron a las casas en la Villa y el pueblo vecino, Barker, se comentaba que estaban en busca de armas. Mi marido tenía una carabina que guardábamos arriba del ropero, que se usaba para cazar. Teníamos miedo por si entraban a nuestra casa y la encontraban, porque creíamos que no se iba a entender que era un arma vieja para cazar. Además tenían detectores de metales, se decía, por lo que no se podía esconder tampoco. Pero por suerte no entraron en nuestra casa. Si entraron a casas vecinas de gente que se comentaba que andaba en asuntos raros, pero mucho no se hablaba de eso. Por la radio no se pasaba mucha información, era todo muy hermético, las cosas se sabían cuando pasaban. Se supo después que andaban detrás de algunas personas del pueblo, los perseguían porque estaban en organizaciones, recuerdo que era un médico y algunos de la fábrica de Loma Negra.

¿Hubo desaparecidos en el pueblo?
En el pueblo, Villa Cacique, no. Pero se comentaba que en lugares cercanos sí, pero nada asegurado por razones obvias.

¿Tenés algún conocido al que le haya sucedido algo en la dictadura?
Una de las familias a las que le allanaron la casa eran padres de una nena que jugaba con mi hija, pero nunca hablé con ellos sobre el tema porque no se comentaba nada sobre eso. No sé si a las familias a las que les allanaron la casa los tomó por sorpresa, los vecinos no comentaban la situación, teníamos buena relación pero igualmente no se tocaba el tema, como si fuese algo tabú.

¿Cómo fue mudarse a Capital y en qué momento de la dictadura fue?
Nos mudamos a Capital con la vuelta de la democracia, cuando asumió Alfonsín. Era una miseria, nosotros vivíamos sobre Directorio que es una avenida muy concurrida y no había nada de tráfico porque no pasaba un alma, la gente no andaba porque no había plata para transporte y por la situación en la que quedó sumido el país.

lunes, 20 de mayo de 2024

Algo malo

Mis pisadas sobre el pasto húmedo y los huecos de barro marcaron el camino. Levanté la vista al frente, buscándolo, pero vi dos o tres personas de las que no sabía bien cuál era. La vieja estación tenía un aspecto nostálgico con aquel día de lluvia que parecía estar destinado sólo a regar las plantas y a arruinar el primer encuentro con mi gran amigo. Conforme fui caminando descarté personas que se hacían más cercanas ante mi mirada, y al final ahí estaba, sentado, mirándome esperando que llegara. Nos saludamos efusivamente tal como lo merecía nuestro primer encuentro después de un año siendo amigos a la distancia, irónicamente, ya que vivíamos en el mismo pueblo. Por suerte, nos cubría el techo de esa estación que en algún momento reunió a viajeros esperando el tren.
El mate y las cartas, luego de una pequeña charla para romper el hielo, no tardaron en aparecer. Pero no fue mucho más el tiempo que tardó en sacar de su mochila negra lo que me quería hacer probar. Él cultivaba y estaba muy incursionado en ese mundo, mientras que yo había tenido unas pocas experiencias más efímeras que duraderas y sin demasiada historia. Tampoco me interesaba mucho, pero habíamos quedado hace tiempo en hacerlo juntos y la primera vez que nos veíamos podía ser la ocasión especial. Debe ser algo similar a los efectos del alcohol, pensé. Las primeras pitadas fueron raras, ahogadas y con tos. Él se reía y yo un poco también, aunque todavía no estaba del todo suelta porque al fin y al cabo era la primera vez que nos veíamos. Pasaron las siguientes y en algún momento en mi cabeza se cruzó la mención de alguna amiga mía que me dijo que con dos o tres estaba bien. Habían sido más de diez.
Por unos segundos desaparecí. No recuerdo los segundos que anteceden el presente que me rodea. Perdí la noción espacio-tiempo. No sé dónde estoy. No sé con quién estoy. No sé si fueron segundos o minutos los que pasé petrificada mirando la lluvia caer del cielo gris sobre el pasto húmedo y el paisaje campestre, que más que la propia realidad se sentía como estar mirando la pantalla en el cine. Como si no estuviera ahí, como si fuera espectadora de una especie de primera persona. Miré a mi amigo y él me miraba también, pero no lograba distinguirlo. Mi alrededor latía, latía como mi corazón, estaban sincronizados. Mi cabeza hacia la conexión de por qué estaba donde estaba y por qué se sentía así, pero se desconectaba como wifi con mala conexión. Tenía que reiterar todo varias veces. Reiterarme. Quería hablar pero no me salía. No sabía quién era, sentía que no podía hablar, tampoco moverme. De repente todo empezó a acelerarse y lo que creí que iba a ser gracioso me empezó a preocupar. Mi cuerpo y el tiempo iban lentos pero, mi cabeza rápido. Mi amigo me levantó a caminar y cuando trataba de conectar con él y su realidad lo notaba preocupado.
Parada me sentía mareada. No podía caminar sin sentir que me caía. Ahí sí parecían los efectos del alcohol, al menos. Pero no sumaba en nada, y lo peor llegó cuando doblamos para la avenida que da a la entrada de la estación, en la que empezamos a cruzarnos con la gente. Me sentía rara y no quería que me vieran. Me empecé a paranoiquear creyendo que estaba haciendo algo malo y que todos se iban a dar cuenta. Volvimos de donde salimos, en una vuelta perfectamente redonda y nos volvimos a sentar. Creí que lo peor había pasado cuando pude empezar a concluir frases y a conectar con quien estaba frente a mi.
Juguemos a las cartas, dijo. Puso música para que todo esté más tranquilo y empezamos a jugar al truco. No estaba tan mal, pero definitivamente no podía distinguir entre un siete de espadas y un siete de basto. Sin embargo, después vino el chinchón y confirmé que me era imposible seguir el ritmo del juego. Estaba más calmada, creí que había encontrado un poco de comodidad en la realidad que me incomodaba. Pero mi amigo en cinco minutos se despidió y me quedé sola en aquel alrededor retumbante. Tenía un cumpleaños, recordé. La casa de mi amiga quedaba tan solo a cinco cuadras en línea de la vieja estación. Un poco me alivié de estar sola y no sentirme en la obligación de interactuar con alguien más.
Había dejado de llover, pero el cielo seguía especialmente gris. Crucé la calle despidiéndome del campo que me había acompañado en aquellas efímeras dos horas (porque el tiempo pasa lento solo para uno) y emprendí camino, deseando que mi yo vuelva a ser yo y que la realidad vuelva a ser realidad.

jueves, 9 de mayo de 2024

Respuesta a respuesta de carta

Sr Schwarzenegger:
Lamento profundamente sus preconcepciones hacia mi persona. Sí, admito que no fui el mejor en esta vida, admito mis errores y admito que quizá las situaciones no fueron del todo bien manejadas. Pero me gustaría poder darle el sentido que merece a su relato, ya que una historia que no es contada por su protagonista es como un robo de identidad. De esta persona salieron los hechos que usted quiere en su relato, relato que necesita una fuente confiable de información. He esperado segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años para contar mi historia, por favor deme esa oportunidad. Y si no es por nuestra cercanía sanguínea, que sea por el amor al arte. Atentamente,
A.H

Notas de lectura

La siesta
En este cuento la protagonista es una joven disfrutando una tarde de verano. La ambientación de la historia es esa: el calor, la playa, el río, el protector solar y los anteojos de sol. Un hombre irrumpe su tranquilidad con demasiada insistencia, e inician una conversación bastante en contra de la voluntad de la protagonista. Acá lo que me gustó son los acotes del narrador en los diálogos, tales como “contesta Alberto a la pregunta que Mara no le hizo”, y esto puede denotar la sensación de hartazgo que tiene la protagonista respecto del hombre. Aquí comienza a construirse la historia profunda, siendo la natación y las corrientes del río las que le dan sentido, donde la joven desafía al hombre a nadar tras su interés en ello y no lo alerta de la peligrosa corriente que está en el río. La historia profunda se cierra cuando se lo deja de nombrar al hombre y prosigue la historia superficial con la vuelta a casa de la joven.

Esa mujer
La historia cuenta sobre un periodista que va en busca de información sobre una mujer muerta a la casa de un Coronel, que sabe dónde está. La particularidad de la historia es que se trata de un hecho histórico, real, que subyace al robo del cadáver de Eva Perón. Pero aunque se trate de un hecho real, el contexto nunca es nombrado y los hechos políticos tampoco, hay mucho que no se dice pero lo que se dice alcanza para dar a entender lo que ha sucedido. En la construcción del relato juega mucho la construcción del ambiente y los personajes, muy densamente descrito el primero, lo que da mucho detalle y pone en sintonía al lector con la historia. En la descripción utiliza metáforas, exagera, y le agrega un sentido contrario, como cuando para decir que había mucho silencio en la habitación, describe todo lo otro que se escuchaba que venía del edificio. El diálogo predomina fuertemente en el relato, y esto da indicios respecto de la personalidad de los personajes. Si bien el que busca la información es el periodista, el que domina es el Coronel, que habla mucho más y de manera exasperada.

Autoevaluación

Volver a escribir fue reencontrarme con una parte de mi. El taller me ayudó a reconectar con la lectura y con la escritura, además de darme muchos recursos para ambas. El poder disfrutar de ambas cosas pero saber que en el medio estás aprendiendo sobre eso está muy bueno, ya que con las lecturas descubrí varias formas de escribir y me incentivó a no quedarme en el molde. Por ejemplo con los cuentos de Mariana Enríquez, que tienen un sentido de realismo que antes no había considerado darle a mis historias pero que, sin embargo, me encanta como queda. Además, lo que aprendí sobre la construcción de la narración me hizo pensar todo más claramente, no tanto en abstracto como una historia que esté buena sino que con la escritura misma hacer que se vuelva interesante. 
Me encanta la consigna de las cartas ya que considero que es un buen instrumento para escribir cosas que no hubiésemos imaginado, aprender a trabajar con lo que nos toca y hacerlo lo mejor posible. También la escritura en el diario me ayuda a ver más atentamente a mi alrededor y a veces cuando veo algo que me llama la atención pienso en qué historia podría construir en base a eso, me ayudó mucho a pensar que la imaginación no nace de la nada como yo antes creía, sino en una conexión profunda con la realidad y lo que nos rodea. 
Algo que me cuesta a veces es plasmar esas historias que se me ocurren al cuento, a la escritura, tratar de que no sea denso ni que le falten cosas. A veces tengo una idea de entrada pero después no sé cómo cerrarlas. El pensar en un total es algo que me haría falta para la construcción de los cuentos. 
Me di cuenta que el género que más me gusta escribir hasta el momento es el suspenso, con un toque de fantasía. Y algo que destaco de mi es que soy muy detallada, y eso se ve reflejado en lo que escribo.

Respuesta a carta

Srta. Gunness:
Recibí su carta muy entusiasmado pero en cuanto me informaron las sospechas que tienen de usted mi interés desapareció. Me pregunto qué hubiese sido de mi de aceptar su invitación, ya que, como sabe usted bien sus intenciones no pueden ser muy buenas viniendo de alguien que ha matado a su marido, y que luego tiene el tupé de buscar pretendientes por los avisos del diario. Por supuesto que rechazo la posibilidad de un encuentro entre usted y yo, no solo por ser una asesina, sino porque mi visita a Estados Unidos no será para siempre, pues, soy un hombre con tareas muy importantes delegadas en Alemania. Espero que pueda reflexionar sobre sus actos y por supuesto aceptar la condena que le corresponde de pasar el resto de su vida en soledad. El que la hace, la paga. Atentamente,
A.H.

Poema policial

Luces rojas
Cada vez, una calle sin mirar
una vez, una calle cruzar
sin duda es fácil huir
pero no lo es seguir

Las luces rojas se ven pasar
como llamaradas en la oscuridad
nada hace frenar
a los locos de esa ciudad

La ruta arde por la velocidad
la misma que nos da lugar
la misma que nos vio partir
la misma que nos ve llegar

Noticia inspiración:
https://www.eqsnotas.com/policiales/persecucion-policial--de-pelicula--causo-revuelo-en-una-ciudad-de-la-cordillera_a662981bbeeec189f6a8856c2

Nota de lectura

El cuento de navidad de Auggie Wren - Paul Auster Me pareció una estructura del cuento con muy poco de estructura, ya que va y viene sobre e...